lunes, 21 de abril de 2014

LA IDENTIDAD DIGITAL DE UN DOCENTE


El otro día comentando varios temas educativos con un compañero y amigo docente, salió a la palestra el tema de la identidad… ¿Cómo te definirías a ti mismo? ¿Cómo muestras a los demás tu identidad? Nuestra charla cayó enseguida en una serie de divagaciones ingeniosas aunque siempre, como es lógico, sin pretender sentar en ningún momento cátedra ni buscar tampoco tres pies al gato.
            Si damos un paso más en el tema y sustituimos nuestra identidad real por la digital dentro siempre del ámbito educativo voy siendo consciente poco a poco de varias cosas.
            A la vez que se va superando el “abismo digital” que siempre está ahí y que implica en cierto modo estar siempre al día en temas web, on line, etc…, se va siendo consciente de que hay una especie de otro “yo” digital/viertual paralelo al real que has de cuidar también día a día. Entiendo que es una lucha diaria después de realizar muchas tareas y práctica, para que además llegues a lograr que la gente sepa quién hace este documento, quién configura esto otro… En definitiva que valoren y empaticen con este trabajo: las cosas no se hacen por arte de magia. 
            ¿Quién deseamos ser en internet? ¿Nos valorarán en nuestra docencia igual de forma virtual que de forma real? ¿Es fundamental el cómo usemos las redes sociales para ser percibidos de una forma u otra? Creo que al crearla, construirla o expresarla, además de poder llegar a ser un proceso enriquecedor y más ó menos creativo, hay que plantearse el proceso con una planificación concreta. Y de esta manera voy pensando en mis elementos diferenciadores: mi “Nick” y lo que dice sobre mí, mi avatar ó foto/imagen, el tipo de cosas que publico y cómo las expreso… Y claro, no puedo olvidarme de los servicios que me planteo usar, mis contactos y enlaces, lo que aporto y valoro (y al revés, lo que aportan y dicen de ti en forma de comentarios los demás) y ya finalmente lo que puede que no tengas: blog, contactos, enlaces, servicios…
            Como pienso que no todo vale y hay que intentar lo más parecido a un equilibrio de sentido común, algo que en no pocas ocasiones será harto difícil buscaré siempre el punto medio entre seguridad y control, entre lo público y lo privado, entre el derecho a la identidad y el derecho al olvido. No podemos obviar por otro lado los riesgos que siempre hay.

            No puedo continuar con mi reflexión sin plantearme seriamente el uso que quiero hacer de mi identidad virtual ó digital. ¿Qué hago con ella? Pues fundamentalmente, ya lo hemos visto, un uso docente. Aunque claro, esto implica que también aporte contactos con gente de mi familia, amigos, etc, además de con otros compañeros docentes. Y además creo que no puedo olvidad algo que para mí ha sido siempre fundamental, algo que es básico para nuestro trabajo de docentes pero también importantísimo para la vida misma: la creatividad. Tengo que “teñir” de creatividad mi identidad digital con ideas nuevas y frescas. Tengo que presentarlas con un ritmo dinámico y audaz que cree expectativas, fomente la sorpresa a cada paso y mantenga el interés de forma continua.

            Como conclusión, creo que la coherencia entre mis dos identidades, la digital y la real, será siempre el camino a seguir.

1 comentario:

Severino Santamaria dijo...

Hola, Alberto:
soy Severino Santamaría, compañero del curso Educación conectada en tiempos de redes. Me parece relevante aquí una distinción que hace Carlos Magro Mazo entre lo personal y lo privado: “Lo que sí hay que distinguir es personal de privado. No es lo mismo. Personal son las cosas con las que hablas con tus compañeros o conocidos. Puede ser offline o online. Privado es lo que quieres que quede para ti o para los muy muy cercanos. Mi consejo es que lo privado nunca se ponga en formato digital (sea mail, WhatsApp o red social)."
Estoy totalmente de acuerdo con él en que lo privado nunca se ponga en formato digital. Todos tenemos en mente ejemplos muy desagradables derivados de no cumplir esta norma elemental de prudencia. Por tanto, esta es una recomendación que como docentes deberíamos tomarnos especialmente en serio y hacerla extensible de modo muy especial para nuestros alumnos y alumnas.